Dolor y conductas repetitivas

Dolor y conductas repetitivas
En la nota anterior te contamos cómo se relacionan el dolor y el miedo, las fobias y la ansiedad. Hoy nos vamos a concentrar en la relación que se establece entre las conductas repetitivas y el dolor. Así podemos entender mejor a nuestros amigo de cuatro patas.
 
Dolor y conductas repetitivas
 
El desarrollo de alguna conducta repetitiva puede deberse dolor en mayor o menor medida. Esto puede darse directa o indirectamente.
 
Los casos en que la conducta repetitiva es producto del dolor directamente, pueden ser por ejemplo el exceso de acicalamiento en el gato o la dermatitis acral por lamido (DAL) en el perro, y en ambos casos pueden deberse a un problema de dolor localizado.
 
Estos casos de lamido, se producen gracias a que la acción del lamido suave estimula los mecanorreceptores de la zona dolorida, que tiene un efecto inhibitorio sobre el dolor y necesitan menos estimulación que los receptores del dolor. Así, como el lamido le alivia el dolor, el animal continúa con esta conducta una y otra vez.
 
En cambio, cuando la conducta repetitiva es disparada indirectamente, en su desarrollo intervienen varios factores:
 
Uno es la genética, heredada de la familia o la raza en sí.
 
Otro es el aprendizaje de algunas conductas reforzadas por su dueño. En este caso el animal lleva adelante una conducta porque así logra que su dueño le preste atención y lo hará cada vez que necesite o desee atención.
 
Y, el último, que tiene un papel muy importante, es el ambiente, porque para que estas conductas se produzcan con frecuencia hace falta alguna situación que cause un estrés crónico en el animal. Éste es provocado generalmente por un conflicto que el animal no puede resolver y lo frustra. Así surgen conductas como perseguirse la cola o lamerse, que alivian el estrés por lo menos de forma parcial. Entonces, el animal tiende a repetir la conducta cuando se encuentra en situaciones similares.
 
¿Notaste alguna conducta repetitiva por dolor en tu amigo de cuatro patas? ¡No dudes en consultar con su veterinario de confianza!
 
Fuente:
Camps, Tomás; Amat, Marta; Le Brench, Susana; Manteca, Xavier. Selecciones veterinarias Volumen 20 Nº 3 – 2012

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