Dolor, miedo, fobias y ansiedad

Dolor, miedo, fobias y ansiedad
En la nota anterior sobre cómo afecta el dolor a nuestros grandes amigos, te contamos cómo se relacionan el dolor y la agresividad. En esta, nos vamos a ocupar de la conexión que se da entre el dolor y el miedo y de cómo interactúan las fobias y la ansiedad.
 
Para la mayoría de las personas, cuando su animal se muestra agresivo, se piensa que se debe a un problema exclusivamente de conducta.
 
En este artículo podremos conocer que no siempre ese es el motivo sino que puede deberse a problemas físicos cuya consecuencia es la manifestación de dolor.
 
Dolor, miedo, fobias y ansiedad
 
En medicina humana, el miedo se define como la aprensión a un estímulo, ya sea animado o inanimado, o una determinada situación. Sin embargo, esta definición es difícilmente extrapolable a los animales, por lo que en veterinaria existen una gran cantidad de definiciones diferentes. En conclusión, el miedo es una respuesta desagradable, de autoprotección y, por lo tanto, adaptativa, que se experimenta ante un estímulo peligroso o potencialmente peligroso.
 
Las fobias son respuestas a algo que ocasiona temor desproporcionado en tiempo y/o intensidad, que pueden producirse incluso en ausencia del estímulo desencadenante. Estas características hacen que las fobias limiten el comportamiento normal del animal.
 
Finalmente, la ansiedad se define como la respuesta de miedo que se produce frente a la anticipación de alguna amenaza o peligro objetivamente inexistente.
 
El papel que ejerce el dolor en la aparición de los miedos, las fobias y la ansiedad no está todavía del todo claro, y podrían estar implicados al menos dos mecanismos:
 
1– Las vías neurológicas del miedo, el dolor y la ansiedad están relacionadas de manera íntima, a nivel químico y funcional. El dolor actúa como un estímulo no condicionado que induce una respuesta de miedo. En otras palabras, cuando un animal se encuentra en una situación que le causa dolor, creará asociaciones entre el estímulo provocador, que están presentes en ese momento y pueden ayudarle a predecir una situación similar en el futuro.
 
Por ejemplo: cuando llevamos a un perro por primera vez al veterinario, porque tiene dolor en un oído, cuando el profesional haga uso del otoscopio es probable que le provoque cierto daño al animal, este con rapidez podrá asociar el otoscopio a la mesa de exploración, el veterinario, la sala de exploración en general, etc.
 
2– El segundo mecanismo es más intuitivo y no está comprobado por ninguna evidencia científica, sino que es simplemente una suposición todavía por corroborar.Sabiendo que el dolor puede generar estados de ansiedad en las personas, lo que hace que tengan una visión más pesimista del entorno, habrá estímulos que inicialmente eran neutros para el paciente y se empezarán a percibir como posibles fuentes de dolor. Esto sucede cuando el sujeto ha generalizado el miedo a otros estímulos a los que inicialmente no temía, produciéndose un círculo vicioso entre el dolor, el miedo y la ansiedad.
Por otro lado se sabe, por numerosos estudios en diferentes especies, que los animales pueden tener un sesgo cognitivo negativo o positivo. Además, se ha observado que los animales que tienen ansiedad por separación tienden a ser más pesimistas y que, una vez que se soluciona este problema, este sesgo se modifica y se vuelven más “optimistas”.
 
Se han publicado los casos clínicos de un Boxer y un Labrador que mostraban miedo a estímulos pocos convencionales y no responden a las terapias de modificación de la conducta. Durante el proceso se les diagnosticó un problema de dolor y se les recetaron analgésicos, que solucionaron su dolor.
 
Con toda esta información se plantea la posibilidad de que algo similar a lo que sucede las personas, podría pasarle a los animales. En otras palabras, si un perro que muestra ansiedad por separación es más pesimista, no parece haber razón para pensar que otras fuentes de ansiedad (como el dolor) no puedan tener el mismo efecto. Si se asume esta suposición (que el dolor puede inducir un sesgo negativo en el animal), entonces los estímulos que inicialmente eran neutros, al comenzar a percibirse como posibles fuentes de dolor, agravarán la situación de miedo y ansiedad.
 
De nuevo, ambos argumentos muestran la importancia de descartar problemas que puedan causar dolor en cualquier animal que acuda a la consulta etólogica, ya que ellos podrían estar generando o empeorando reacciones de miedo, fobia o ansiedad.
 
¿Tu perro es ansioso, miedoso o fóbico?
 
Fuente:
Camps, Tomás; Amat, Marta; Le Brench, Susana; Manteca, Xavier. Selecciones veterinarias Volumen 20 Nº 3 – 2012

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2 personas ya comentaron en “Dolor, miedo, fobias y ansiedad” Sumá tu comentario

  1. irma ibañez dice:

    Tengo un cachorrito de 4 meses y es un destructor muerde y rompe todo, hasta los muebles. Estoy tratando de educarlo y no hay caso. Es hiperkinético, le hice unas pelotitas de medias con trapos adentro para que muerda y se saque los nervios y a veces eso lo muerde un rato largo y se calma. Es de tamaño mediano tirando a grande, debe pesar unos 7 kilos. Está desparasitado totalmente, con todas sus vacunas y no tiene pulgas. Denme algún concejo porque me está comiendo las patas de los muebles y el otro día hasta vomitó astillas de los mismos. Gracias

    • Vitalcan dice:

      ¡Hola Irma! Los motivos por los cuales los cachorros muerden, pueden ser varios: por un lado pueden ser el cambio de sus dientes y necesita algo como ayuda; por otro lado utilizará su boca como medio para explorar el entorno e incluso para aliviar tensiones; también puede ser para calmar su aburrimiento y por último no hay que descartar que sea por hambre.
      Todos los perritos necesitan tanto estimulación física y cognitiva. Por ello te recomendamos que le ofrezcas varios juguetes seguros para morder, incluyendo los huesos de cuero por ejemplo. El ejercicio físico ayuda muchísimo, un paseo de al menos 30 minutos diarios, juegos para que corra o deportes como el disc dog y el agility son ideales. En el interior de tu hogar, podés crear juegos como por ejemplo esconder croquetas de alimento o juguetes para que los destine tiempo en su búsqueda.
      Reforzá su educación premiando los buenos comportamientos (elogios, mimos y croquetas de alimento como premio son útiles). No le des mensajes confusos: si no tiene permitido morder calzados, no le ofrezcas luego una pantufla. Esto lo debe tener presente toda la familia.
      Para alejarlo de los lugares que no debe morder, podés recurrir a líquidos educativos que se consiguen en veterinarias o tiendas especializadas en mascotas, que actúan como repelentes.
      Y por sobre todo: paciencia.
      ¡Saludos!